Parte I
Tiempos de Adolescencia
En la adolescencia, hay cosas que nacen y otras que mueren, desaparecen en post del crecimiento inevitable de un ser, que será en no mucho tiempo después, un adulto.
Aquel pequeño, aquella pequeña que solía correr a nuestros brazos, deseando nuestro contacto instantáneo, o que nos reclamaba presencia constante, deja de serlo, deja de estar.
Ya no están esos abrazos interminables.
Ya no somos los genios que sabemos arreglar todo, y que con un simple movimiento hacemos magia. Nuestra ´magia´ ya no les alcanza.
Ser los ídolos de nuestros hijos, es algo hermosos a disfrutar en la infancia de ellos, ya que en la adolescencia es casi indispensable que desaparezca.
La adolescencia es ante todo, el momento de vida donde todo se modifica y se reedita.
Todo surge. Surgen las hormonas, los amores, los odios. Brota un nuevo cuerpo. Nuevos referentes aparecen.
La sexualidad se hace presente e invade todos los sentidos y una significación nueva baña sus diálogos, su discurso. Se entienden los chistes llamados con ‘doble sentido’.
Las cosas ya no son tan lineales, comienza haber una lectura diferente de las situaciones.
Los malestares, los enfrentamientos, las diferencias comienzan a ser protagonistas en el ánimo adolescente. Un discurso ávido por ser escuchado, una voz que se desconoce, un cuerpo que resulta extraño.
A muchos, les resulta difícil poder pensar sobre ellos mismos, les cuesta reconocer sus gustos, sus deseos. Todo les da fiaca, y pereza. Quieren hacer, pero el pasar a la acción les implica un esfuerzo al cual no le encuentran la vuelta, ni la razón. Comienzan a padecerse y no pueden dar cuenta racionalmente de ello. Solo aparecen sensaciones.
Es un momento de vida, es el tiempo en la construcción psíquica, donde el adolescente necesita separarse de las figuras parentales, figuras que hasta no hace mucho tiempo eran los héroes de su película, eran las figuras de referencia e identificación.
Aparecen angustias, porque todo se mueve, porque todo se abre. Porque los espacios que antes contenían ya no lo hacen. Porque aquello que podía ser confiable, deja de serlo.
Una mirada crítica comienza a instalarse en todo lo que vive, percibe, y escucha. La intolerancia y la crítica se apoderan de su ánimo, de su discurso y de las relaciones, generalmente las que más padecen son las del ámbito familiar.
El cuerpo se modifica, emite olore, fluidos nuevos. Los espacios se amplían, las responsabilidades aparecen floreciendo por todos lados. Esto los agobia y molesta.
El ostracismo comienza a estar a la orden del día; encerrarse en la habitación comienza a ser un hallazgo irrenunciable. Los auriculares colocados sobre sus oídos, termina siendo una postal muy común en esta época.
El mal humor y la baja en el rendimiento de sus actividades es un denominador común.
La pesadumbre es una sensación muy habitual. Dan más ganas de dormir que de andar.
Dan más ganas de experimentar que de saber teoría.
Comienzan a tener más recursos económicos, de espacio y oportunidades.
Los objetos del mundo están a su disposición, y la sed por conocer, experimentar, es su norte.
Nuevas figuras de identificación aparecen en su horizonte.
Lo no familiar, surge con fuerte ponderación en sus ideas y elecciones. La descalificación, se torna en una práctica constante hacia los padres y el grupo familiar.
Pareciera que todo necesita caer, deshacerse, para construir todo nuevamente.
El adolescente necesita parecerse a otros para después ser distinto.
El grupo es el estado ideal para ellos. Allí se sienten protegidos, pertenecen, se entienden y manejan sus códigos, ‘las miradas comienzan a alcanzar para comunicarse’ esto los hace inseparables, propios y prioritarios.
Lic. Mariela Sandoval
Matr Pcial Nqn 203
Reg Nac Prest Ministerio de Salud de la Nación Nº 69.708
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